2008-11-27

Carta de un ex cronista

El 'Anuario' hace 20 años


Llegué por primera vez a trabajar a El Cronista a mediados de 1986, después de que los vaivenes políticos provocaran mi no deseada salida de 'Tiempo Argentino' junto a otros miembros de la redacción, entre ellos el director, el recordado Raúl Horacio Burzaco.
De inmediato percibí una sensación harto positiva teniendo en cuenta las circunstancias de mi llegada: los “viejos” me recibieron muy bien, no noté resquemores ni recelos que podrían haber resultado lógicos porque los ingresados fuimos varios. El clima en los pisos del edificio de Alsina 547 era distendido, muy bueno para trabajar.
Fui asignado a la sección Política, que por entonces no era demasiado prioritaria para el diario y por lo tanto tenía poco espacio, lo que dejaba tiempo para que además debiera dedicarme a un verdadero clásico de El Cronista: el anuario con las opiniones de los empresarios sobre el año en curso y las perspectivas posibles para el próximo.
Para los más jóvenes acaso será interesante saber que en “aquellos tiempos” (nada más que veinte años atrás) la disponibilidad de tecnología era absolutamente distinta a la actual. En una enumeración breve: no había Internet, apenas estaba iniciándose la transición de la máquina de escribir a la computadora, casi ninguna empresa tenía todavía fax y ni siquiera existían los celulares. Ni hablar de todo el sofisticado equipamiento que hoy tiene a mano cualquier periodista: lo más frecuente, cuando había que transmitir material “desde afuera” hacia la redacción, era llamar por teléfono y, si por fortuna se lograba la comunicación, encontrar un alma generosa que quisiera tomar 4.000 caracteres (en ese entonces se medía más por líneas) con el auricular pegado a la oreja y sostenido con el hombro, aporreando la Olivetti Lexikon 80.

Así las cosas, el primer anuario de cuya realización tomé parte incluyó más de un centenar de hombres de negocios consultados, lo que equivale a que se remitieran por mensajería o se llevaran personalmente otras tantas hojas con los cuestionarios y se concertaran otras tantas citas con las secretarias respectivas para sacar las fotos y para acordar el momento y la forma en que el diario se reuniría con las respuestas.
Después habría que ordenar el material por rubro de actividad, como hoy, y los diagramadores –que hacían su trabajo con lápices, reglas y escuadras y los célebres tipómetros- se verían en figurillas para que preguntas, foto y contestaciones coincidieran con los espacios que dejaban los avisos, obvia prioridad del anuario. Toda una tarea para los pobres diagramadores, para los redactores y para la gente del taller, donde –obviamente- se decía la última palabra.

Estuve en El Cronista hasta 1991 y en ese lapso participé en tres anuarios. Recuerdo especialmente el de 1988, porque tuvo carácter “especial” debido a que el diario cumplía 80 años: más empresas, más consultas, más ... Volví en 1994, por alrededor de un año, y desde mediados de 2007 he vuelto a tener la chance de remitir colaboraciones.
Al margen de ocasionales rabietas derivadas de la tarea, El Cronista fue para mí uno de esos ámbitos a los que se regresa con gusto, que me permitió conocer a muchos colegas sumamente talentosos y ganarme no pocos amigos, muchos de los cuales todavía hoy me honran con su deferencia.

Norberto Beladrich fue secretario de Redacción de El Cronista Comercial
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1 comentario:

Gonzalo Cambra dijo...

Hola Norberto

A la distancia mi mas sincero saludo y recuerdos. Incluso aquel día que vos me atendiste por telefono cuando yo estaba de casualidad en Corrientes y "Carlitos Presidente" había aparecido de repente y sin previo aviso. Y yo, urgentemente llame a la redacción para decir "qué hago" "qué quieren que le pregunte".

Y justamente haces el comentario de la falta de tecnología y cómo funcionaba todo.

Ah, después de esa entrevista (la primera que tuve con "Carlitos") me operaron de apendicitis aguda, estuve mas de un mes en cama, y muchas otras cosas negativas, jajaja.

Un abrazo desde el otro lado del Oceano.

Gonzalo Cambra