2009-07-21

El hombre que nunca me tuteó



Me acuerdo que el año pasado, cuando todos los ex cronistas se juntaron a celebrar los 100 años del diario, le pregunté a Alberto Farina si iba a ir a la fiesta. Me miró con esa cara que ponía para expresar que algo le parecía bizarro o un poquito decadente y ambos coincidimos en que todo el asunto del reencuentro nos resultaba demasiado melancólico. Decidimos no ir y nos sentimos orgullosos como dos adolescentes rebeldes que se niegan a ir a la casa de sus padres.



Cuando pienso en Farina me acuerdo lo mucho que le fascinaba lo bizarro, las películas clase Z con monstruos inverosímiles y la sangre morada de cotillón. Al igual que en esos films de presupuesto cero, Alberto tenía predilección por los personajes bizarros, las criaturas de la noche, el límite finísimo entre lo marginal y lo peligroso.



Hoy pienso que le encantaba adoptar gente y me gusta creer que me adoptó a mí también, que yo también era uno de sus personajes.

A Alberto yo nunca lo llamaba Alberto. Le decía Farina y jamás lo tuteé. Podíamos insultarnos cuando jugábamos al fútbol o abrazarnos después de hacer una jugada de gol, pero nunca nos tuteamos. “Usted es un pelotudo, Farina”, le podía gritar, pero siempre lo trataba de “usted”.

Quizá suene un poco absurdo, pero una de las grandes “obras” de Farina fue haber sido el arquitecto del fútbol de los sábados. Nos juntábamos –y nos seguimos juntando desde hace más de 10 años- siempre a las 4 de la tarde en las canchitas de fútbol cinco de Atlanta. En esa hora de fútbol, Farina se quedaba siempre parado, de “pescador”, esperando para clavarla en el arco.

Hay que decir la verdad: era un poco irritante su forma de jugar, pero cuando Alberto hacía un gol lo gritaba con tanta pasión que uno le perdonaba todo.
Farina era la esencia del fútbol del fin de semana. Va a ser difícil jugar este sábado, sabiendo que ya no va a venir más a Atlanta. Hace unos meses, cuando todavía luchaba contra la enfermedad, nos dijo “háganme un partido homenaje”. Porque, pese a todo, Alberto nunca perdió el humor.

Ayer recibí un mensaje de texto a las 11.25 de la mañana. Decía “se nos fue Farina”. Me vinieron a la cabeza mil recuerdos, como la vez que casi nos agarramos a trompadas porque él me dijo, en uno de sus días de malhumor, que yo “no me jugaba por nada”. Creo que a partir de ese día empecé a jugarme un poco más por las cosas que quiero. Fue una de sus enseñanzas.

Ayer lo volví a ver corriendo -o caminando- por el lateral de la canchita. Y me ví abrazándolo una vez más, después de un gol que hicimos juntos y que todavía recuerdo con claridad. Fue muy importante conocerte. Me dejás muchas cosas. Gracias.

Te voy a extrañar, Alberto.

Jose
José Totah trabajó en El Cronista Comercial entre 1994 y 2005 en las secciones de Informacion General, Sociedad, Management y Negocios

1 comentario:

nora dijo...

Hola Jose, soy Noreley! soy la novia de Alberto, convertida también en uno de sus tiernos personajes. Quiero decirte que sos uno de sus personajes importantes, que te quiere y te respeta...y qué suerte que le diste bola y te empezaste a jugar más por las cosas. Yo también lo voy a extrañar,fue mi compañero entrañable y durante su terrible agonía se aferró muy fuertemente a mi mano...nunca lo solté...agradezco todo lo vivido y compartido con él y a todos los amigos que pude conocer por él.besos noreley (inventada por Fari, el osobuco)