2009-02-19

El día del cambio

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El sábado 6 de octubre de 1973, cuando en el país todo cambiaba, El Cronista también tomaba una decisión de transformación clave: pasar del formato sábana al tabloide. Así lo explicaba la editorial en su portada:
Las ediciones de "El Cronista Comercial"
A partir de la fecha, las ediciones de "El Cronista Comercial" se hacen en un nuevo formato. Corresponde explicar a nuestros lectores y avisadores las razones del cambio. Y, en realidad, se trata de canalizar las inquietudes de ellos mismos, para mejorar la calidad del diario. Nos asiste la certeza de que el tamaño tabloid en el que desde hoy hacemos nuestras ediciones, nos dará una nueva oportunidad para satisfacer las expectativas de nuestros amigos. Expectativas que, claro, constituyen las normas de nuestro trabajo cotidiano.

2009-02-12

Del otro lado del océano



Soy Gonzalo Cambra, entré a trabajar en el año 87, en Alsina y Roca. Tenía 18 años y de la mano de Roberto Bermejo tuve esa gran oportunidad en mi vida.

La verdad que fue una maravilla. Comencé como "cadete" junto a Roberto Minoli, Néstor y otros compañeros cuyos nombres no recuerdo (perdón, pero esas cosas de los años, vio?). La cuestión es que con el tiempo "subí" a la redacción (estaba en el tercer piso y nosotros en el sótano) haciendo una suplencia en lugar del "cablero".



Así fue como conocí a grandes personas (Néstor Scibona, Jorge Castro, Daniel Della Costa, Raúl Perrone, Norberto Landeyro y muchos, muchos más). Con los años, se fueron sumando más personas hasta ser una gran familia (con sus más y sus menos). Recuerdo esos "partiditos de futbol" en la redacción con una pelota de papel (no siempre se hacían, jeje).
Entre otras cosas que me marcaron, fui parte del equipo que se encargó de trasladar el equipamiento de las instalaciones de "Tiempo Argentino" (ese gran diario creado por Raúl H. Burzaco). Aún recuerdo la impresión que tuve al ver aquella redacción tan grande y que conservaba notas a medio escribir, páginas sin terminar de editar y todo eso como si el tiempo se hubiera detenido en esos años.
Y, al poco tiempo, nos fuimos a Honduras y Bonpland. Ahí la cosa ya cambió. Aquellas "peceras" donde estaban los Jefes de Sección, las mesas formando "islas". El "gordo" Pesa(se escribe así?) corriendo de un lado a otro con las computadoras, en fin, que el gran cambio era muy "positivo", pero en el fondo ya no fue lo mismo.
Pero así y todo sigo recordando aquellos años como muy buenos, Tengo muy lindos recuerdos (imposible enumerar todos, ya que fueron muchísimas las anécdotas que viví) y más de una vez quisiera poder vivir todo de nuevo.
Me fui en al año 92-93 (no recuerdo muy bien), pero con un gran pesar. Quería seguir creciendo, explorar nuevos caminos a nivel profesional. Pero les prometo que me acuerdo de todos y de cada uno.
Por eso, con el más sincero cariño y respeto les envío un abrazo muy grande desde el otro lado del Océano y siento mucha pena de no haber podido compartir ese gran encuentro, esa gran fiesta. Porque sinceramente pasar por El Cronista y por Extra fue para mí una experiencia única e inigualable al día de hoy.

Si quieren comunicarse conmigo os dejo mi e-mail
gonzalocambra@yahoo.com
Un abrazo a todos!!!!


Gonzalo Cambra vive desde hace diez años en España, es empresario y su hobby es la fotografía

2009-02-05

Recuerdos de dos semanas que fueron seis años



El Cronista Comercial que recuerdo comenzó con casi 500 empleados y llegó a tener poco más de 70 personas cuando pasé a otras actividades. Eso implica que fue un diario vivo en donde las despedidas fueron más que las fiestas de reencuentro.

Era el verano de 1992 cuando ingresé a realizar una suplencia de dos semanas y me fui a fines de 1998. En ese plazo hubo cuatro directores, tres jefes de Economía, dos cambios de formato y color. Sin embargo, fue una verdadera escuela de periodismo, como lo fue en toda su historia.

Hubo fechas duras (como cuando fallecieron Héctor Ranazzo, Edgardo Silberkasten o la negrita Beatriz Soler), pero también recuerdo felices.

Una tarde de verano de 1996, en Economía no éramos más de media docena de personas y Dardo Gasparré quería hacer una sección con 15 páginas, más las cuatro páginas del suplemento de Mercados y Finanzas. Los tiempos corrían y todo era presión.

Norma Nethe, por entonces Jefa de la sección, no hacía más que presionar para cerrar páginas cuando comenzamos a discutir por una diagramación y la ubicación de un par de notas. En forma inmadura, estallé en un arranque de ira y Norma, como toda una dama, se dio vuelta y encaró hacia el área de Diagramación.

Consciente de mi grave falta de respeto corrí tras Norma pidiéndole disculpas, como ella me ignoraba, me arrodillé y comencé a "correrla" a tranquitos cortos mientras le suplicaba histriónicamente su perdón en una escena de alto contenido ridículo.

Por fin, Norma se dio vuelta cuando la redacción estalló en una gruesa y ruidosa risotada. De inmediato el tema se solucionó y, al cierre, fuimos a cenar a Rico Pizza (a una cuadra de la redacción, sobre Honduras) donde tuve que pagar la cuenta para disculparme.

La historia de El Cronista Comercial tiene momentos raros: debe ser el único diario de la Argentina que dejó de salir un día por lluvia. Fue en un gigantesco vendaval que inundó toda la Capital Federal, pero sobre todo Barracas, donde estaba la imprenta del diario, y no permitió que llegara un camión playo que buscó la gente de Armado para tratar de hacer llegar las chapas y películas de la edición del día.

Pero lo más raro fue que, al día siguiente, un apartado en la tapa explicaba porqué el diario no había salido y se publicaron "las mejores notas que ayer no pudo leer"...

Pero el personal de El Cronista Comercial también hacía milagros. Domingo Felipe Cavallo fue despedido de su cargo de "Super" Ministro de Economía un viernes poco después de las 14 horas. En ese momento, el director del diario (Néstor Scibona) y los jefes de Economía y Política (Hugo Grimaldi y Alberto Valdez) estaban dando una charla en Rosario.

Sin que nadie lo pidiera, dos tercios de la redacción y el taller se presentaron a sus puestos de trabajo.

Para las 16 horas, ya se había hablado con los distribuidores y el dueño del diario (Eduardo Eurnekián) y se había resuelto hacer una edición de 24 páginas.

Sin embargo, Scibona, Grimaldi y Valdéz no pudieron llegar a Buenos Aires por problemas de vuelo y entregaron la edición a Jorge Castro y Norma Nethe. Fue otro hecho histórico y la edición se había agotado antes de las 10 de la mañana del sábado. La gente venía a las puertas de CVN Noticias (por entonces, ubicado debajo de la redacción del diario) para preguntar si podían hacer una fotocopia...

Anécdotas hay muchas de esos años, pero lo que queda es la enseñanza de una redacción repleta de PROFESIONALES (así, con mayúscula) y el honor de haber conocido seres humanos estupendos que no sólo fueron ejemplos de profesión, sino también, maestros de vida.

Claudio M. Chiaruttini

2009-01-30

Secretos de telex

Eduardo Amadeo (al centro); a la izquierda, Nicandro Castillo y, a la derecha, Rafael Perrotta Bengolea.

En Septiembre de 1975, Isabel Perón nombró ministro de Economía a Antonio Cafiero, con quien yo tenía una vieja amistad, pues había llegado al Peronismo de su mano en 1969. No tengo que recordar la situación de la economía del país en ese momento. Entre muchas otras situaciones críticas, la de balanza de pagos era desesperante: el país tenía comprometida su capacidad de importación por falta de divisas. Fue por ello que Cafiero decidió que era necesario lograr financiamiento internacional, utilizando algunas facilidades financieras que tenían en ese momento el FMI y el Banco Mundial. Así que armó una visita a Washington , acompañado no sólo de su equipo, sino también de empresarios y sindicalistas, para demostrar el apoyo político con el que contaba el Gobierno de Isabel a través del Pacto Social.




Cacho Perrotta, con quien yo tenía una relación fraterna, pues había sido compañero de colegio de Rafael, su hijo, me pidió que acompañara a Cafiero como corresponsal. Yo ya había escrito algunas cosas sueltas para el diario, pero nunca había tenido semejante responsabilidad.




La experiencia fue fantástica, con mil historias, algunas de ellas dramáticas, otras casi graciosas, pero todas impregnadas de la enorme crisis que sufríamos y de la enorme voluntad de todos por superarla, remando contra la corriente. He tenido la suerte de guardar todos los telex que intercambié en esos días con Cacho y con Jorge Riaboy, quien era secretario de Redacción del diario, en los que además de mi reporte diario, hay jugosísimos diálogos entre Washington y Buenos Aires, teñidos de ansiedad .




Contaré 3 de las historias:

1) Cafiero llegó a Washington e inmediatamente pidió una entrevista con las mayores autoridades del FMI y el Banco Mundial. Pero le contestaron amablemente que antes debía hablar con las autoridades del Tesoro. Fue para el Tesoro, y allí le dijeron que sería posible pensar en un paquete para la Argentina, pero que antes debería hablar con el Departamento de Estado, donde le plantearon las preocupaciones por la situación política y otras cuestiones, incluyendo la relación de nuestro Gobierno con Cuba, Rusia y en general la posición antinorteamericana del Gobierno. Cafiero trató de manejar la relación con la mayor diplomacia, pero sintió la presión política y la dificultad para contestar todo, porque lo apretaban duro y además tenía que manejar las relación con empresarios y sindicalistas. Era un juego permanente de gestos de solidez política interna, aunque todos sabíamos que con poco sustento real, pues la economía y la política se nos iban de las manos. Un día le pregunté cómo andaba la cosa, y me dijo: “Cuando me terminen de pasear (por los despachos norteamericanos), lo voy a saber”. No recuerdo si consiguió todo lo que quería, pero sí recuerdo que las cifras en danza eran mínimas, lo que marcaba el tamaño del drama argentino. Con menos de u$s 100 millones, nuestro país salía cómodo del problema.

2) La delegación argentina sentía que, en términos políticos, corría con tiempo de descuento. Casildo Herreras me preguntaba a cada rato “sabes algo nuevo, pibe?”, y su principal preocupación era saber si era cierto que Isabel tomaría licencia, y qué iba a hacer Lorenzo Miguel, de quien se decía que tambien se tomaría una licencia.. Cada diálogo con Cacho por telex, tenía una larga introducción de chismes que yo usaba para pasar luego a los amigos, aunque pocos eran alentadores, pues flotaba el aroma del golpe.



3) Pero lo más sabroso fue que yo me enteré, sobre el final de la misión, que estaba habiendo una negociación paralela con Fidel Castro para tratar de conseguir financiamiento arabe o ruso para nuestro país. La negociación la había abierto Jorge Antonio, la llevaba en La Habana nuestro Embajador Torcuato Sozio (cuñado de Guido Di Tella) y – para mi sorpresa- Cacho Perrotta estaba enterado y muy activo en el tema. Todo saltó cuando, en un telex , Cacho me pidió que le pasara un mensaje críptico a Antonio, donde decía que “el hombre de la Isla los espera”, lo que obviamente tenía que ver con una escala de alguien hacia Cuba. Cuando le pasé el mensaje a Antonio, se molestó mucho y me dijo: “Y usted qué carajo se mete en esto??”. Le contesté que yo no me metía en nada, que sólo le pasaba el mensaje de Cacho, a lo cual reiteró: “Y Perrotta que carajo se mete?”. Después, en Buenos Aires, me enteré que era un mensaje del Embajador de Cuba en Buenos Aires, quien pidió a Cacho que actuase de correo a través mío, por miedo a las filtraciones.


Vista la reacción de Antonio, los mensajes siguieron por otro lado, y luego alguien de la delegación fue a Caracas y de allí a La Habana, aunque creo que no se consiguió nada. Yo le pregunté luego a Antonio cómo seguía la cosa, pero me contestó poniéndose el índice frente a los labios en señal de silencio y allí paró mi curiosidad periodística. Años después, me confirmó que efectivamente había habido algo, que era un paquete donde se combinaban financiamiento para importaciones de petroleo, dinero en efectivo y demás, pero que nada se concretó.



4) Yo volví a Buenos Aires separado de la delegación. Cuando llegué a Ezeiza, y le conté al oficial de Aduana qué había estado haciendo, me miró y me preguntó: “¿Salimos?”. No me acuerdo qué le contesté; pero sí recuerdo que, 27 años después, siendo vocero Presidencial, acompañé a Jorge Remes en su primer viaje a Washington, el 12 de Febrero de 2002, en lo peor de la crisis. Fue un viaje dramático, en un momento que muchos argentinos recordarán. Cuando volvimos, nos fue a buscar a la puerta del avión un oficial de Migraciones. Mientras caminábamos hacia la salida, este Sr me miró fijo a la cara y me preguntó: “¿Salimos?”.

Eduardo Amadeo

2009-01-22

Burbujas

Al fondo, Graciela Rey. Adelante, Mariana Oriolo, de Traducciones y Financial Times

Aunque colaboré en un suplemento cultural del diario en la década de los 70, asocio mi trabajo en El Cronista con el edificio de Honduras, donde empecé a trabajar como traductora a mediados de los 90. Allí, tras una fachada bastante impresionante, en un edificio tortuoso y de habilitación municipal probablemente aún más tortuosa, la redacción del diario vivía en relativo confort (teníamos las ventanas cerca, y había más o menos una silla y una computadora cada 3 personas) rodeada de estudios de TV, radios, oficinas de cable y administraciones varias.

De las primeras épocas recuerdo haberme bajado varias veces de taxis que había tomado para ir al diario porque el conductor no conocía la calle Honduras ni la calle Bonpland; a las demás, ni siquiera las conocía yo. También recuerdo que había un único bar-restaurante dónde servían cosas exóticas como tartas y ensaladas.

Así fui testigo del inicio de mi primera burbuja vinculada a El Cronista: la del boom gastronómico-inmobiliario de lo que entonces se llamaba Palermo Viejo, todavía en fase de expansión.

Todo está en el futuro

La segunda burbuja, esta vez mundial, crecía y se multiplicaba en torno nuestro mientras tratábamos de navegar por Internet en las dos o tres computadoras con conexión. Eran lentas y de pantalla mínima, pero todos competíamos por usarlas porque, pese a lo paupérrimo del hardware, hasta los menos visionarios supimos que eso de poder verificar un dato o consultar una nota en el acto era una especie de milagro.

No era sorprendente que en otros mundos más avanzados ese milagro se estuviera convirtiendo en un negocio gigantesco: había empezado la era de las puntocom.
De esa época ya mítica me queda el recuerdo de miles de compañías de nombres divertidos ─cuyos presidentes tenían menos de 30 años─ que salían a bolsa una detrás de otra en todas las capitales del mundo, alcanzando valuaciones de mercado siderales en pocos días.

Lo que hacía que la gente comprara como caramelos las acciones de las empresas de los chicos de 25 años era una fórmula mágica denominada Ebidta (por su sigla en inglés), algo que traducido viene a ser “ganancias antes de intereses, impuestos, depreciación y amortización”. Esta fórmula, que antes y después de la burbuja se usaba para calcular la valuación de una empresa para determinadas operaciones, durante la burbuja se convirtió en la flauta de Hamelín que llevaba a los niños al precipicio.

De esos años me quedó una imagen, que recuerdo como premonitoria. La de Norma Nethe, jefa de Economía, con una hoja larga de papel continuo en la mano con el balance de una de estas compañías, preguntándole al mundo en general “¿Y dónde están las ganancias?”.
Cuando quedó claro que las ganancias, por lo menos en un futuro que pudiera anticiparse, no estaban en ninguna parte, la burbuja tecnológica estalló y se tragó el dinero de mucha gente con el habitual ruido seco e irreparable de succión que se oye en esas ocasiones.

La debacle local

Mientras tanto, en la Argentina flotábamos en la superburbuja del 1 peso = 1 dólar. Cuando llevábamos en eso ya varios años, oí en la calle a un hombre que le decía a otro: “mi cuñado, en España, me preguntó, ¿si un peso es igual a un dólar, quién paga la diferencia?”.

La frase quedó dando vueltas y se sumó hacia el final a señales que resultaban familiares: los bancos retaceaban la plata ─uno iba a hacer un retiro y justo no tenían efectivo; los fines de semana, un virus extraño atacaba a todos los cajeros automáticos, que dejaban de funcionar─, la usina de rumores trabajaba a destajo y casi todos los taxistas acababan de dejar a un pasajero que les había confiado que “el martes (o el jueves, o el lunes) va a pasar algo”. Lo que se dice un principio del fin al estilo argentino.

En el diario, los que no habían vivido nunca una debacle cien por ciento argento, decían cosas como “Cavallo no va a devaluar” o “las crisis de antes no vuelven más”. Mientras tanto, los que sí habíamos vivido varias, andábamos por los pasillos con expresión obnubilada de vaca que va rumbo al matadero repitiendo cual robots “pasá la plata a dólar”.
Por supuesto, la realidad fue peor que cualquier anticipación, y el agua nos tapó a todos.

La actual

En cuanto a la burbuja crediticia/hipotecaria actual, en mi memoria su raíz está ligada a palabras como securitización y productos estructurados, que en su momento costaba traducir del inglés porque uno no terminaba de entender qué querían decir. En resumen, resultó que alguien había descubierto que cualquier deuda puede ser fragmentada y convertida en títulos negociables, porque para eso hay computadoras que pueden hacer los cálculos.


Las frases operativas fueron dos: "el riesgo está descontado en el precio de los títulos" y "es una forma de alejar el riesgo de los bancos". Y todavía nadie pudo explicar bien cómo fue que el riesgo, en vez de quedar lejos de los bancos los demolió y liquidó el mercado mundial del crédito.

Graciela Rey Traducciones y Financial Times de El Cronista Comercial

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2009-01-16

¿Y esto?

Haga click en la foto para ampliarLa foto apareció y, sin embargo, nadie en la redacción, ni siquiera los que aparecen en ella, la recuerdan, pese a la alegría que les generó verla. Quizá fue simplemente un flash de rutina, pero, como toda imagen, con valor testimonial. En ella aparecen Jorge Sosa (editor de Política y Opinión); Gabriela Chas (diseñadora, hoy radicada en Uruguay), Dolores Olveira (Economía); María Oliva (editora de Internacionales); Martín Coccaro (Suplementos); María Sánchez Laso (ex directora Periodística); Ezequiel Alemian (ex editor de Finanzas) y Sergio Serrichio (ex editor de Economía). Se "estima", en 2003.

2009-01-13

Homenaje a Pedro Edgardo Silberkasten




Pedro Edgardo Silberkasten en 1982, con sus dos sobrinos. Había venido a la Argentina desde Venezuela para hacer una entrevista al Papa, cuando Juan Pablo II vino al país. Foto de su hermana, Mirta N. Silberkasten de Salatino. Lea también Desde las aulas, de Daniela Villaro

Por recordar a mi hermano



No soy periodista, ni mucho menos escritora. Todo lo contrario, me dedico a las 'exactas', pero por recordar a mi hermano soy capaz de escribir un libro.


Edgardo se desempeñó hasta el 11 de noviembre de 1995 -fecha en que nos dejó a los 47 años- como secretario de Redacción de El Cronista; fue profesor titular de la carrera de Comunicaciones en la UBA; ocupó la Secretaría de Prensa del Ministerio de Economía en tiempos de Alfonsín; fue periodista económico en canal 13 y en Radio Municipal; en el año 1976 se debió exiliar en Venezuela, destacándose en el diario El Nacional de ese país, y muchas cosas más que hizo en tan sólo veintitantos años de carrera.


Amaba su profesión como nadie, vivió para el periodismo y por el periodismo. Sus alumnos hasta hoy lo siguen elogiando, era excelente profesor, persona, hermano, padre y amigo. Le pasó esa vocación, ese amor incondicional por el periodismo gráfico a su única sobrina mujer, mi hija, Verónica Salatino, hoy periodista. Cuando él falleció, ella ingresaba a la carrera de comunicaciones en la UBA. Unos días antes de dejarnos le dijo: "Sos mi sobrina preferida, porque sos la única, (mujer, porque hay un varón) pero yo en la facultad no te conozco, sos una alumna más, y antes de recibirte pasas por mis manos, y yo voy a decidir si te dan o no el título, y no cuentes con un trabajo de mi parte, yo me hice sólo, golpeando puertas". Fue la mejor enseñanza que le dejó, porque hoy con treinta y un años es una excelente periodista gráfica, sin nombrar en ningún momento el nombre de su ídolo, su tío.


Lamentablemente nadie , ni siquiera él , sabía que a los pocos días nos dejaba en persona, porque en el corazón está siempre. Gracias por dejarme recordar algo de este pelado hincha fanático de Boca .

Mirta N. Silberkasten de Salatino Licenciada en Matemática, Física y Quimica

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