2008-11-28

Desde las aulas

Edgardo Silberkasten, en una de sus clases en la carrera de Comunicación, en la UBA, 1995. Fue secretario de Redacción de El Cronista y un sólido puente entre las aulas y las redacciones. Gracias a él, muchos estudiantes pudimos entrar a la realidad de la información, las notas cien veces reescritas y, finalmente, el honor de la publicación. Gracias, profesor.
Daniela Villaro
Vea también 'Homenaje a Pedro Edgardo Silberkasten' y 'Por recordar a mi hermano'

2008-11-27

Carta de un ex cronista

El 'Anuario' hace 20 años


Llegué por primera vez a trabajar a El Cronista a mediados de 1986, después de que los vaivenes políticos provocaran mi no deseada salida de 'Tiempo Argentino' junto a otros miembros de la redacción, entre ellos el director, el recordado Raúl Horacio Burzaco.
De inmediato percibí una sensación harto positiva teniendo en cuenta las circunstancias de mi llegada: los “viejos” me recibieron muy bien, no noté resquemores ni recelos que podrían haber resultado lógicos porque los ingresados fuimos varios. El clima en los pisos del edificio de Alsina 547 era distendido, muy bueno para trabajar.
Fui asignado a la sección Política, que por entonces no era demasiado prioritaria para el diario y por lo tanto tenía poco espacio, lo que dejaba tiempo para que además debiera dedicarme a un verdadero clásico de El Cronista: el anuario con las opiniones de los empresarios sobre el año en curso y las perspectivas posibles para el próximo.
Para los más jóvenes acaso será interesante saber que en “aquellos tiempos” (nada más que veinte años atrás) la disponibilidad de tecnología era absolutamente distinta a la actual. En una enumeración breve: no había Internet, apenas estaba iniciándose la transición de la máquina de escribir a la computadora, casi ninguna empresa tenía todavía fax y ni siquiera existían los celulares. Ni hablar de todo el sofisticado equipamiento que hoy tiene a mano cualquier periodista: lo más frecuente, cuando había que transmitir material “desde afuera” hacia la redacción, era llamar por teléfono y, si por fortuna se lograba la comunicación, encontrar un alma generosa que quisiera tomar 4.000 caracteres (en ese entonces se medía más por líneas) con el auricular pegado a la oreja y sostenido con el hombro, aporreando la Olivetti Lexikon 80.

Así las cosas, el primer anuario de cuya realización tomé parte incluyó más de un centenar de hombres de negocios consultados, lo que equivale a que se remitieran por mensajería o se llevaran personalmente otras tantas hojas con los cuestionarios y se concertaran otras tantas citas con las secretarias respectivas para sacar las fotos y para acordar el momento y la forma en que el diario se reuniría con las respuestas.
Después habría que ordenar el material por rubro de actividad, como hoy, y los diagramadores –que hacían su trabajo con lápices, reglas y escuadras y los célebres tipómetros- se verían en figurillas para que preguntas, foto y contestaciones coincidieran con los espacios que dejaban los avisos, obvia prioridad del anuario. Toda una tarea para los pobres diagramadores, para los redactores y para la gente del taller, donde –obviamente- se decía la última palabra.

Estuve en El Cronista hasta 1991 y en ese lapso participé en tres anuarios. Recuerdo especialmente el de 1988, porque tuvo carácter “especial” debido a que el diario cumplía 80 años: más empresas, más consultas, más ... Volví en 1994, por alrededor de un año, y desde mediados de 2007 he vuelto a tener la chance de remitir colaboraciones.
Al margen de ocasionales rabietas derivadas de la tarea, El Cronista fue para mí uno de esos ámbitos a los que se regresa con gusto, que me permitió conocer a muchos colegas sumamente talentosos y ganarme no pocos amigos, muchos de los cuales todavía hoy me honran con su deferencia.

Norberto Beladrich fue secretario de Redacción de El Cronista Comercial
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Día histórico

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9 de julio de 2007: Un día de la Independencia histórico. Había comenzado a nevar por la mañana en el Gran Buenos Aires, pero sobre Paseo Colón, en San Telmo, la nieve empezó a caer cerca de las 19. Sin pensarlo, en un lunes feriado, salimos a la calle para sacar fotos con los autos estacionados (propios y ajenos) cubiertos de blanco. Hasta los más grandes comenzaron una guerra de copos de nieve…. Fue un recreo de una hora, difícil de olvidar.
De izquierda a derecha: Gabriela Helman (Internet); Carlos Castelnuovo ("Junior", Infografía); Edgardo Martínez (Sistemas); Nuria Rebón (Negocios); Elizabeth Peger (Economía); Fernando Alonso (Economía); Miguel Minetti (Diagramación). Abajo: Leonardo Villafañe (Internet); Julián Guarino (Finanzas) y Rubén Atippis (Pre-Impresión).

2008-11-26

Desde Comercial



“Velo al Presidente”

Esa es la frase que me fue dicha por mi jefe de Publicidad (Carlos López Nieves) cuando ingresé a la Gerencia de Publicidad de El Cronista. Se refería al Presidente de una multinacional que había publicado un aviso de página entera en los otros diarios y se había “olvidado” de pautar en el nuestro. De esto hace 23 años. Fue una frase que recordé siempre, porque, en nuestra profesión, cuanto más cargo tenga nuestro interlocutor dentro de la estructura de una empresa, más se facilita nuestro trabajo.

No siempre he podido ser atendido por “los presidentes de empresas”, como en aquella oportunidad, en la que terminó por confirmarme el aviso, pero a lo largo de todo este tiempo, me ha dado fuerzas recordarlo para llegar los más cercano a ellos. Así me han visto insistir directores, gerentes y jefes de Relaciones Públicas , Comunicaciones y Publicidad de un sinnúmero de empresas de Argentina, que me han atendido y me siguen atendiendo, ante cada propuesta que les llevamos. Tener el norte claro desde el principio es tener la mitad del camino recorrido antes de comenzar. Gracias a esa frase cuando comenzaba en este diario y a todos mis compañeros, a todos, a los que tuve y a los que tengo actualmente en todas las áreas del diario, hoy puedo decir que todo se hace más fácil en el esfuerzo cotidiano cuando quienes nos acompañan de lunes a viernes , se sienten parte de un mismo proyecto.

Ahora los dejo, tengo que pedir una entrevista. Adivinen con quién

Marcelo Requejo Gerencia de Publicidad de El Cronista Comercial

'Suela y taco' y un reloj de madera


Mis comienzos en El Cronista Comercial fueron por octubre de 1983. Salió un aviso en Clarín con un pedido de “Vendedores de Publicidad” y me presenté. Ante mí estaba José M. Guitart, gerente Comercial del diario, un catalán de aproximadamente 1,95 metro de altura, muy seco y parco. Iba todo mal hasta que le dije que en La Razón estaba realizando un suplemento sobre Luján, allí me prestó más atención y al otro día Roberto Bermejo me llamó para presentarme a trabajar.
Por ese entonces, el jefe de Publicidad era Carlos Lopez Nieves y así comencé mi derrotero en el diario, como ejecutivo de Ventas para Suplementos, productos que en ese momento no se realizaban aún y que iban a versar sobre diversos temas, sectores industriales, días conmemorativos, etc.



Para mi sorpresa, Carlos me envió a Pinamar a hacer uno sobre esa ciudad, (no solo no llegaba el diario allí, sino que en su gran cantidad los comerciantes no lo conocían). Me acompañó en esta patriada Claudio Domenech y, como teníamos que cubrir Cariló, Ostende, Valeria, Villa Gesell y por supuesto Pinamar, lo que caminamos… Nada de remise, nada de taxi: taco y suela todo el día al calor del sol. Lo que adelgacé.
Hicimos algo muy digno de tres páginas, en la cuarta tenía que estar la tapa, con una muy buena foto. Para mi locura, en cuanto lo veo impreso, la citada tapa tenía una hermosa foto en blanco y negro de “Los lobos marinos y la rambla de Mar del Plata”. Sí, de Mar del Plata, de Pinamar ni hablar.



Otros productos que tuvimos para vender y ya desaparecidos: ‘Infomanía’, ‘Gourmet’, ‘La revista de ALF’ (qué hermano, sobrino, hijito o nieto de cada uno de nosotros no tuvo su foto en esta revista), ‘Solo casas’, ‘Careers’, el suple de Agro, ‘Tienda Trends’, las páginas de polo, los diccionarios bilingües, , ‘Mi Auto y yo’, ‘Mujeres y Negocios’, ‘El Cronista Automotor’, el cultural, el deportivo (qué fotografía tenía), ‘Espectáculos’, ‘Arquitectura’ (en papel obra), el inmobiliario, etc. etc. La tarjeta Chance, por la cual la gente hacía cola en Perú 263 para comprarla y ganarse unos pesitos.
Recuerdo el primer original que traje, que debía publicar en el suplemento de ‘Bulones, Tuercas y Tornillos’: era un bulón; sí, un bulón, que le dí a Oski para que lo dibuje, le ponga texto, y lo transforme en un 2 x 5. Otra vez fue un calzado industrial; otra, una bolsa de residuos con una inscripción en el frente, y tantas locuras que traía con el fin de que salgan publicadas.


Evidentemente, no eran épocas de JPG ni de Ilustrador 8, siempre creyendo que esto era Walter Thompson u Ogilvy, pero los chicos no sé cómo hacían, pero todo, todo salía bien publicado, como si fuese la mejor agencia de publicidad creativa del mundo. El suplemento cerraba al mediodía, se diagramaba a la tarde y se publicaba al otro día (cosa de locos). Los de dos páginas o los de 24, como el de Envases y Embalajes, con una tapa de un huevo con un moño envolviéndolo, que fue el furor del mercado.
Carlos Lopez nos envió a recorrer la Panamericana caminando para hacer el suple de ‘Piletas, parques y jardines’, o recorrer la calle Warnes para venderle avisos a los repuesteros para el ‘Automotor’. Siempre alguna locura teníamos.



¿Saben cómo sumábamos los centímetros que vendíamos? ¿Con un Excel? ¿Con un viejo Lotus? ¿Con una planilla de cálculos? No señores, con un reloj de madera de un metro de de diámetro numerado del 1 al 10.000. Tenía una aguja, y Pepe Guitart la corría todos los días dependiendo de los centímetros vendidos ese día (tecnología ‘de punta’ no).



Pasaron varios directores, gerentes, jefes, pero el nombre de El Cronista Comercial sigue siendo tan fuerte como siempre.
Quiero recordar a grandes compañeros de ruta que tuve, como Carlos Gilles, Néstor Lespi, Jorge Carabajal, Marcelo Carbone, Alvaro Ares, Ethel Rudecindo, Cecilia Vergara, Franco Recoaro, Teresita Gonzalez, Liliana Bargueiras, Estela Centofanti, Pablo Faunez, Analía Godoy, Rodrigo Gutierrez, Gabriel Jatombliansky, Norberto Quaglia, Carlos Armentano, Fernando Falcon, Esther García, Alejandro Romero, Carlos Mallo Leiva, Lucano. Por supuesto, se merecen un párrafo muy grande los que están codo a codo a diario en la actualidad. No me quiero olvidar de nadie, todos fueron muy importantes en estos años.
Evidentemente han pasado los años, la gente, los recuerdos y las anécdotas. He crecido profesionalmente y, sin embargo, sé que me quedan por aprender, por suerte, muchas cosas.
Dicen que, además de ser uno mismo, uno es lo que hace y yo soy lo que todos los días me propongo hacer en El Cronista.



Estoy convencido, humildemente, de formar parte desde 1983 hasta hoy del mejor grupo de ventas de avisos publicitarios en gráfica que conozco. No por los resultados, que casi siempre nos acompañan y a veces no tanto, sino como se dice “POR PREPOTENCIA DE TRABAJO”.

Mario Feldman, ejecutivo de Cuentas de El Cronista Comercial
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2008-11-25

El malómetro



Fue un clásico de la sección Negocios en 2006. Se instituyó para desdramatizar y, al mismo tiempo, desalentar cierto uso afilado del lenguaje. Como en la vida, falló un regla esencial: no había consenso sobre lo que era una 'maldad'. Después de cuatro ediciones consecutivas, se 'suspendió por disturbios'.




2008-11-24

Un gran orgullo



Mi primera nota para El Cronista fue sobre la decadencia de la confitería 'El Molino' y salió publicada en enero del 96. Todos los días paso por esa esquina de Rivadavia y Callao y ahora que está vallada recuerdo que me dejaron entrar hasta la cúpula, que hablé con los dueños y que los mozos me contaron anécdotas. Cuando la veo cerrada sé por qué me apasiona esta profesión. Nos da la posibilidad de ingresar a lugares insospechados, de conocer y transmitir historias, datos, pensamientos; de preguntar lo que otros se preguntarían.




La esencia de lo que quiero ser y lo que soy como periodista se la debo a El Cronista y a los grandes maestros, compañeros y amigos que tuve y tengo allí. Fundamentalmente a Alejandro Di Giacomo, que fue mi profesor en la escuela de periodismo de Morón donde empecé a estudiar. El me dio la oportunidad y me tuvo la confianza y la paciencia necesarias para que mis notas pudieran ser publicables. Luego a Daniel Aller con quien compartí la redacción de Interdiarios y también creyó que podría tener un espacio en la sección de información general que también integraban Aníbal Mendoza, Alejandra Rodríguez Ballester, Renata Rocco Cuzzi, José Totah, luego Marcela Falcitelli y Daniela Villaro, a quien conocí en el diario y que hoy es como una hermana para mí. Porque además, en el diario también encontré gente que es parte de mi vida tanto como mi familia. Será porque con ellos también viví cosas importantes: la caída de las torres gemelas, la huída de De la Rúa en helicóptero y hasta el campeonato de Racing de 2001 (salvando las comparaciones) las viví en El Cronista y sostengo que fue el lugar perfecto.




El segundo gran paso que dí dentro de El Cronista fue al reemplazar a Sisí Barro Gil (también amiga) cuando se fue de licencia por maternidad. Entonces conocí a Guillermo Ortiz y a mi querida María Oliva. Nuevamente me encontré dos grandes periodistas pero también excelentes maestros, de esos que, junto con algunos códigos de la profesión están en peligro de extinción por el tiempo atolondrado de las redacciones. Para mí fue invaluable poder fomar parte de una redacción muy plural y riquísima. Por gratitud a ellos y a la profesión me comprometí a tener una actitud abierta, amable y respetuosa ante cada currículum de pasante y estudiante recién recibido que pueda cruzarme.
En lo personal, la llegada de Recoletos me genera contradicciones. Por un lado, se fue mucha gente valiosa, cambió la forma de trabajar, la transición fue dura en lo personal y profesional para muchos. Pero por otro lado, abrió la posibilidad de crecimiento para otros que como en mi caso tuvimos la oportunidad de pasar a ser editores. Y además estrechó los vínculos entre los integrantes de la redacción.




Además de haber aprendido a ser periodista, le debo a El Cronista haber conocido grandes amigos y gente que admiro. Hace cinco años que me fui del diario pero siempre lo menciono, lo recuerdo, lo tengo presente y lo defiendo porque es mi gran orgullo como periodista. Conozco otras redacciones y el ambiente que hay allí no es habitual, es único. Es un gran valor que mantiene su gente y que hay que preservar. Al margen de los directores, los dueños y las líneas editoriales, el diario es de sus trabajadores y lectores y debe seguir siendo así.


Viviana Alvarez
Viviana Alvarez trabajó en El Cronista entre 1996 y 2003: comenzó como colaboradora, fue redactora en Información General e Internacionales y editora de Suplementos. Actualmente es editora de la revista Vanidades

2008-11-21

El mundo 'on line'

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La redacción 'vespertina' de Internet en el brindis por la edición del Centenario, el 3 de noviembre de 2008: José Salman, Gabriela Helman, Sebastián Salvador, Soledad Navarro, Leonardo Villafañe y Walter Brown. Ausente en la foto: Juan Orue